Wes Anderson y la fantasía multicolor

Con ocho largometrajes en su filmografía, Wes Anderson es considerado hoy por hoy uno de los directores más arriesgados del cine estadounidense. Es un hecho que sus excéntricos personajes y su estética inconfundible no dejan indiferente al espectador; se han convertido en la marca de este cineasta texano que debutó en 1994 con Bottle Rocket, cortometraje que le abrió camino en el cine independiente.

Éste, por supuesto, sólo fue el comienzo en la carrera de Anderson, quien dos años más tarde filmó su ópera prima, Ladrón que roba a otro ladrón (1996), escrita en conjunto con el actor Owen Wilson, quien a partir de entonces se convirtió en uno de sus más importantes colaboradores. Con él también coescribió Academia Rushmore (1998) y Los Tenenbaums. Una familia de genios (2001), de la cual también es coprotagonista.

Con su siguiente filme, La vida acuática de Steve Zissou (2004) contendió por el Oso de Oro en el Festival de Berlín; sin embargo, es con Viaje a Darjeeling (2007) —coescrita con sus habituales socios creativos Roman Coppola y Jason Schwartzman— que logra el reconocimiento de la crítica al ser premiado con el Little Golden Lion en el Festival de Cine de Venecia. La búsqueda narrativa en distintos lenguajes llevó a Wes Anderson a explorar el terreno de la animación con El fantástico señor Zorro (2009), película nominada a más de 60 premios internacionales, incluyendo los Óscares en las categorías de Largometraje Animado y Música Original.

El Gran Hotel Budapest (2014)

El Gran Hotel Budapest (2014)

El reconocimiento internacional ha venido acompañado con el éxito de taquilla, lo cual no ha hecho cambiar a Anderson en su particular estilo visual, como se comprueba en sus siguientes películas Moonrise Kingdom (2012) y El gran hotel Budapest (2014), donde de nueva cuenta se dan cita un grupo de personajes excéntricos en medio de escenarios de una composición visualmente colorida y de una planificación de los espacios simétricamente detallada hasta la obsesión.

No obstante, la presencia de personajes estrafalarios y en apariencia incongruentes atravesando todo tipo de situaciones estrambóticas, el cine de Wes Anderson siempre busca reflexionar sobre diferentes situaciones de la sociedad y el ser humano. Así lo demuestra en su más reciente obra, Isla de perros, con la que regresa a la técnica de animación para narrar una historia donde valores como la amistad, la sobrepoblación y la ecología, se encuentran presentes.